sábado, 14 de diciembre de 2013

TODA PREPARACION ES POCA (V) (Improvisar)

… cuando tienes, por obligación, que saltarte el plan establecido, es decir improvisar, suelen aparecer momentos extraordinarios para la creatividad, así como también la posibilidad de que todo se vaya al traste. Esa línea, entre seguridad y abismo, es el punto justo para hacer un trabajo vivo. Una forma de medir esa sensación es sentir, durante todo el proceso de trabajo, una insistente sensación de inseguridad, de que hasta que todo no esté terminado no desconectarás, ni siquiera en los días de descanso.


(Cámara car, conseguido con la Go Pro sobre una ventosa en el capó del coche. El angular nuevo que le puse, una óptica sunex comprada en internet, ofrece un resultado muy bueno en condiciones de buena luz. En la Go Pro, los valores son automáticos. En la configuración inicial de la cámara puedes elegir, además del tamaño de grabación, algún preestablecido de contraste y poco más)


Pero al igual que hacemos con los aspectos técnicos de una cámara, quizá valdría la pena que consideremos qué es improvisar. Y antes de esto, quiero también apuntar que la intención de este blog no es enseñar recetas de nada, sino más bien compartir algunas experiencias que pueden ser especialmente útil para los que se lanzan a hacer producciones propias, y con pocos medios.
Por alguna razón, casi todo el mundo piensa que improvisar es lanzarse al ruedo sin más y ver qué pasará. Eso no es improvisar. Los espontáneos que se lanzan frente a un toro en las festividades taurinas dan fe de lo que digo. Con frecuencia se producen graves accidentes, o la muerte. La ignorancia es atrevida, me citaba el otro día mi mujer de algo que leía.

En nuestro trabajo ocurre lo mismo, pero tiende a percibirse de modo diferente, especialmente en los documentales  en donde el guión se termina de escribir en la mesa de edición. Improvisar, decía Chaplin, solo es posible cuando no has dejado nada al azar, cuando te has preparado para no improvisar. Así, cuando surge un imprevisto, aunque a priori no sepas por dónde le entra el agua al coco, sabes que llegarás a la otra orilla. Y aquí hay que tener en cuenta esto: Lo dicho implica mucho riesgo, pero yo lo recomiendo.

En el caso que nos ocupa; El Gran Pilar, una vez que pude conseguir el sustituto del personaje que perdí en New York, lo más importante, y estresante para mí era recuperar la chispa de volverme receptivo y percibir todo cuando rodea al nuevo personaje como si yo fuera la cámara. Es un sano ejercicio de humildad porque te hace observar al otro, estar en función de él, y ver detalles que a veces ni tu personaje es consciente de ello. Cuando aprendes a observarte en tu relación con el otro te vuelves de fiar, sin lo cual es imposible hacer un documental. 





Diafragma 9/ velocidad 170/ óptica 50 mm Karl Zeiss. Polarizador hoya enroscado a la óptica. Esta luz (13 horas en verano en Los Ángeles) es muy aplastante para mi gusto. Por eso me pareció adecuado encuadrar este rezo en picado. La observación adecuada de la luz ambiental puede ayudar mucho en el por qué de la elección un encuadre. Y cuando hay prisas, esta técnica aporta seguridad.

Entonces ¿Cómo convertir en guión, mientras ruedo, las opciones que me ofrece el nuevo personaje?


Continuará.... 

miércoles, 11 de diciembre de 2013

TODA PREPARACION ES POCA (IV)



Desde hace años sostengo con un buen amigo mexicano una controversia en la que ninguno de los dos damos el brazo a torcer. El mantiene que lo racional es el método idóneo para todo cuanto pueda hacerse en el campo profesional, descartando por completo la intuición. Yo digo que la intuición es el centro de mando desde donde se puede activar la naturaleza real de uno. La usamos poco, ya se sabe. Al vivir rodeados de miedos, siempre buscamos protección. 

Al verme en New York completamente perdido y con una parte del dinero tirado, vi que no habían más que dos caminos; dejarme llevar por la lógica y tirar la toalla, o dejarme llevar por la intuición. Opté por lo segundo, obviamente. ¿Y qué se hace? ¿Cómo es eso de dejarse llevar por la intuición? Bueno, digamos que lo primero es aceptar que estás muerto, con lo cual muere también toda preocupación, y te dispones a empezar de cero. ¿Cómo se empieza de cero? Yo empecé por sentarme en un bar, el Gorila Coffee (97 5th Avenue, Park Slope- Brooklyn)  y dejé que pasara el tiempo. Sabes que estás perdido y te quedas clavado en ese momento de paz como si fuera el último que vas a tener, acompañado de un café.

¿Y qué se consigue con esto? Aunque no siempre, diría que hay veces que las decisiones importantes surgen de un deliberado estado de idiotez. Solo a un idiota, un borracho, o a un escritor, se le ocurre refugiarse en un bar para  intentar hallar respuestas a la vida.
Y aún sabiendo eso, el cuerpo te dice: Un bar. Una vez allí pasan las horas y te vas amansando, se te va olvidando lo que fuiste a hacer allí. Y de pronto, en la tele del bar, una noticia. Un estudio reciente realizado por el instituto... no sé qué... de California,  concluyó que la ciudad de Los Angeles es la que mayor número de inmigrantes musulmanes tiene en todo el territorio americano. 
  ¡¡Julia!! Como un rayo me vino a la mente el nombre de una alumna mía que vive en Los Ángeles, y al instante la llamé. Todo encajó. Al día siguiente, un sábado, volé a Los Ángeles y alquilé una habitación en su casa. Me alegró mucho el encuentro lo cual dio lugar a su incorporación al proyecto, en este caso, como reportera para entrevistar a los protagonistas de cada historia.
Juntos hicimos un mapa de las mezquitas más importantes de la ciudad y.... un poco al azar, y sin saber muy bien por qué, me llamó la atención la mezquita de la calle Bermón.  Tomamos datos y decidimos esperar hasta el Lunes para empezar las visitas en busca de un protagonista musulmán que sustituyera al Sr Jafit, de New York. 

Al día siguiente, Domingo, yo estaba impaciente. Necesitaba avanzar sin dilación hacia la posible solución del asunto. Le dije a Julia que quería ensayar cómo llegar en coche a la mezquita de la calle Bermón. Alquilé un coche y, preguntando aquí y allá,  llegué a la Mezquita. Consideré un primer logro el simple hecho de haber podido llegar solo. 
Para mi sorpresa había gente dentro. Allí me recibió la bibliotecaria de la mezquina, una amable joven musulmana. Ella se convirtió en mi talismán. Tras comentarle mi propósito; realizar un film sobre La Familia en el Mundo Islámico, ella me facilitó nombres, teléfonos de personas importantes y me sugirió visitar   sitios claves de California. Me esmeré todo lo que pude en darle las gracias, a lo que ella volvió a responder regalándome un rosario de cuentas de madera, perfumado, para que tuviera suerte en mi propósito. Me impresionó tanto la bondad y generosidad de aquella joven que me sentía torpe, y hasta un poco vulgar y falso. Como si me faltaran más modales, o más calidad de espíritu para responder adecuadamente a tanta bondad.  
Una vez nos despedimos, sntes de irme me asomé al gran salón de la mezquita en donde vi en persona, por primera vez, a musulmanes rezando. En medio de la ordenada multitud destacaba un negro africano, con atuendos de colores y gorro típico islámico.

Tras unos minutos ensimismado en sus plegarias, se levantó tranquilo y fue a por sus zapatos. Al cruzarse conmigo nos saludamos.  

Inflado de enorme carga positiva me encaminé hacia el parking. Iba muy contento. Sentí un impulso irracional que me llevó a creer por un instante en aquello del sueño americano. Sólo en los EEUU se pueden conseguir cosas así en un Domingo, pensé. Conseguir que en España una secretaria te coja el teléfono es un milagro. 
Y ahí es donde comprendes por qué en las películas americanas sus héroes reaccionan ante los grandes acontecimientos gritando: ¡¡Wuaauuu!! Sencillamente cuando consigues cosas sientes ganas de hacerlo. Y me dispuse a lanzar mi grito victorioso cuando de pronto alguien me tocó por el hombro. Me giré y era el negro africano, que me dice: Hello friend, where are your from?


Así empezó el casting, que acabó en un parque, de quien se convertiría en mi primer protagonista de El Gran Pilar. 

Continuará....



domingo, 1 de diciembre de 2013

TODA PREPARACION ES POCA (III)

Bueno, una vez hechas la mayor cantidad de pruebas posibles, y habiendo definido el itinerario de viaje para el rodaje de El Gran Pilar, me dispuse a empaquetar con tiempo para no tener luego ninguna sorpresa, sin descartar por completo los imprevistos, pues es algo con lo que uno se acostumbra a convivir en este oficio. 

El itinerario quedó fijado así: Nueva York, luego Chiapas en México, y finalmente Barcelona. Todo el viaje tendría un espíritu guerrillero, decidí irme solo y contratar en cada sitio el equipo ayudante. Para ello organicé un equipaje lo más ligero posible llevando solo lo imprescindible.  A continuación les muestro parte del equipamiento.



Mochila multibolsillos; en ella he acomodado todo el material técnico, menos el trípode que guardé en la maleta que iría en la bodega del avión. Según una nueva ley ya no dejan, en casi ningún aeropuerto, llevar trípode en el equipaje de mano. Esto es importante, pues sencillamente te lo pueden quitar. 




   






Visor de director, y spray para la limpieza de los equipos, especialmente las ópticas. (Ojo, el sapray tampoco dejan llevarlo arriba, debe ir con el equipaje facturado)








Dos grabadores de sonido. Un Edirol, 4 canales, para sitios en los que pueda filmar sin tanta presión. Y un grabador portátil zoom, para rodar sobre todo en calles y en zonas que requieran no llamar demasiado la atención. Dos micros, un AKG de corbata, y un shure de los de siempre, que suelen llevar los periodistas o las orquestas. 







Cámara Go Pro, en este caso transformada, le cambié la óptica que trae de fábrica por un angular Sunnex, que compré por internet. Da un poco de miedo cambiar uno mismo la óptica, siguiendo el paso a paso de un friki de youtube, pero al final ha valido la pena. 
Le he quitado a esa curva ojo de pez que hace la óptica de fábrica. Con este invento se consiguen imágenes de apoyo de muy buena calidad. 




Llegado el momento esperado tomé un vuelo a New York. He viajado varias veces a EEUU pero a New York era la primera vez. No se si por trivial, vanidoso, o aburrido, lo cierto es que cuando el avión tomó altura, justo en el momento en que la azafata nos daba el saludo de bienvenida, experimenté esa cosa guerrera del que acaba de lanzarse a una cita con el destino. Y quizá por eso, mirar el mundo desde el avión, constituía para mí una especie de privilegio y miedo sutil, no a las alturas sino a la aventura en sí. 

Llegué a New York según lo previsto. Me recibió el hijo mayor de Jafit, el protagonista de esta historia, un exministro de irak, un personaje muy curioso que huyó de su país y se estableció en EEUU en donde empezó desde cero una nueva vida junto a su familia. 

Habíamos previsto rodar con él al día siguiente de mi llegada. Jafit nos contaría la odisea de su fuga de Irack y seguidamente tendría lugar una cena familiar en la que se me dio permiso para rodar con total libertad. 

Consciente de que el tiempo en producción es una de las cosas más volátiles que hay me impuse no dejar nada al azar, es una de mis obsesiones cuando ruedo. Hace unos años en el primer día de rodaje de mi primera película, tuve que afrontar la difícil experiencia de ver cómo casi se me muere un actor en escena. Era diabético, ninguno lo sabíamos, y se le ocurrió comerse un helado. El susto fue enorme. Afortunadamente solo fue susto pero quedé marcado. 

Contraté a un ayudante de cámara y a un técnico de sonido. Llevaba sus números desde Barcelona. Hicimos inventario de material, ellos aportaron un slider, alguna luz,  y transporte. 
Tomábamos un café en un Starbucks coffee mientras esperaba a que nos vinieran a buscar cuando recibo una llamada inesperada. Y aquí es cuando se presenta uno de esos momentos que uno nunca desea y que son los que dan título a artículos como este: TODA PREPARACIÓN ES POCA....  el hijo mayor de Jafit, muy afligido, me contó que su padre había sigo ingresado de urgencia razón por la cual su participación en mi película quedada definitivamente descartada.

La primera consecuencia de este jarro de agua fría fue olvidar por completo toda la preparación que había hecho con la nueva cámara. De pronto estaba sumido en un stress enorme. La película que acaba de empezar, por la cual había cobrado una parte del dinero, moría sin empezar. ¿Qué hacer? ¿Llamar a mi cliente y llorarle problemas? Eso nunca. ¿Cómo salir de este embrollo entonces?  Continuará....