Como diría un viejo amigo: Una "chispa" enciende tu vida y marca tu existencia. Cuando Buster Keaton descubrió el cinematógrafo, así le llamaban a las primeras cámaras de cine, lo primero que hizo fue desarmar uno para estudiar sus mecanismos. Esa fue su primera lección de cine, ahí prendió una "chispa" que encendió una voluntadad incansable delante y detrás de las cámaras.
Hace un par de semanas terminé la producción de El Gran Pilar, un documental que me llevó por Los Angeles, Chiapas y Barcelona. Dos razones me involucraron en este proyecto, una recurrente, la otra casual. La recurrente; el documental me permitió seguir urgando en un tema que me apasiona: La familia; la casual, el encargo me vino de un jeque árabe. En sosegada convivencia, intereses espirituales y económicos me permitieron, sin ser musulman, redondear una historia cuyo título definitivo quedó así:
EL GRAN PILAR
Esta película me volvió a conectar con eso de la "chispa". Conocí en el sur de México, Chiapas, a un indígena muy peculiar, al patriarca Chechev. Esa "chispa", la chispa de la creación, prendió en él cuando recién cumplía, nada menos que 95 años. Postrado ante Allah, suplicó que le concediera un poco más de tiempo para purgar sus pecados y expresar su gratitud por haberle mostrado el camino. Primero en árabe, y en lengua chamula después, Chechev murmuraba "...apenas tengo fuerzas, no tengo oídos, no tengo voz. Pero para qué gritarte, sé que escuchas mi corazón... perdoname por el daño que sin querer he podido hacer a otros y acepta, te lo suplico, las pocas cosas buenas que he hecho. Dejo en tus manos mis plegarias.....!
Hace un par de semanas terminé la producción de El Gran Pilar, un documental que me llevó por Los Angeles, Chiapas y Barcelona. Dos razones me involucraron en este proyecto, una recurrente, la otra casual. La recurrente; el documental me permitió seguir urgando en un tema que me apasiona: La familia; la casual, el encargo me vino de un jeque árabe. En sosegada convivencia, intereses espirituales y económicos me permitieron, sin ser musulman, redondear una historia cuyo título definitivo quedó así:
EL GRAN PILAR
(Tres familias musulmanas. Tres historias impactantes)
Esta película me volvió a conectar con eso de la "chispa". Conocí en el sur de México, Chiapas, a un indígena muy peculiar, al patriarca Chechev. Esa "chispa", la chispa de la creación, prendió en él cuando recién cumplía, nada menos que 95 años. Postrado ante Allah, suplicó que le concediera un poco más de tiempo para purgar sus pecados y expresar su gratitud por haberle mostrado el camino. Primero en árabe, y en lengua chamula después, Chechev murmuraba "...apenas tengo fuerzas, no tengo oídos, no tengo voz. Pero para qué gritarte, sé que escuchas mi corazón... perdoname por el daño que sin querer he podido hacer a otros y acepta, te lo suplico, las pocas cosas buenas que he hecho. Dejo en tus manos mis plegarias.....!
El Chechev que así habló ante mi cámara prontó cumplirá 110 años. La impresión que me produjo su devoción hizo un efecto moralizante en mi. Me he recordado inmerso en eso que llaman La crisis de los cuarenta. La pereza; hábil y ceductora primero, cruel y demoledora después, me ha tenido cautivo en esa trampa del paso del tiempo.
Con la apertura de este blog quiero compartir, más para aprender, y para que no se me olviden, algunas experiencias y trucos que no se encuentran en las escuelas, a la vez que me quito de encima el ligero peso de haber postergado hasta la sasiedad el compromiso con mi mujer de abrir este blog. ¿Qué me ha hecho decidirme? Una "chispa", un twit que ella me mandó contra el que nada pude hacer: Solo hay dos días del año que no deben importarte: El ayer. Y el mañana.
Agotadas las excusas ya he abierto un blog. Y si me lo permitís, aquí estaré cada semana.
Agotadas las excusas ya he abierto un blog. Y si me lo permitís, aquí estaré cada semana.



